lunes, 26 de septiembre de 2016

Antonio Canales. Trianero. Bienal de Sevilla 2016. Domingo 25 Septiembre. Teatro Lope de Vega.

 Charlaba anoche, tras el espectáculo, con un amigo bailaor de como habíamos conocido cada uno a Antonio Canales.
 Resulta que para muchos, que no hemos tenido ni cuna ni escuela flamenca,  Canales fue en una época junto a Joaquín Cortés el referente mundial de este baile que es el nuestro. Evidentemente en el momento en que te interesabas por rascar un poco la superficie, la comparación entre uno y otro  se esfumaba como el humo. Canales era un grande. grande de verdad. Había bailado con todos los maestros de renombre internacional y proponía algo que muy pocos había hecho hasta su aparición, una linea dramática vertebrada y coherente.
Pues bien, quitando una colaboración con Arcángel hace un par de años, un servidor no había tenido la fortuna de ver a Canales bailar todavía. Así es la vida, era uno de los grandes nombres que me faltaban por disfrutar. Me había bebido muchas horas de vídeo hasta verlo ayer al fin en directo.
Y tengo que decir que me alegro muchísimo de que la vida sea así de caprichosa y de precisa. Que tu primera vez con Canales sea con "Trianero" es un lujo. Es empezar a ver a Antonio justo en el momento en que nos cuenta quien es y de donde viene. Y es que eso es lo que hizo anoche el bailaor. Se fue a Triana, a un corral de la calle Castilla a enseñarnos de donde sale su esencia, su baile.
Y lo hizo rodeado de los suyos, de la gente del arrabal que canta y baila desde que se construyese el Puente de barcas.
Pero Antonio quiso mostrar a Triana sin  la cara maquillada, sin las macetas llenas de flores y sin las luces de la Velá. Quiso que los años setenta y ochenta estuviesen presentes, que imaginásemos portales apuntalados, fachadas derruidas y especulación inmobiliaria. Se presentó en un corral invadido por los andamios y una montaña de arena de construcción. Y allí bailó y bailó.
Bailó plantando cara a los señoritos por seguiriyas, bailó por dos mendrugos de pan que repartió con los vecinos del corral, bailó por fiesta en una noche de borrachera, bailó por sevillanas en la feria y bailó en un circulo de villancicos a compás. Antonio contó Triana bailando, y bailando muy bien.
Por si fuera poco , no solo contó sino que reivindicó y tuvo los arrestos de hacer justicia, me explico.
El espectáculo que propuso Canales trajo al Lope de Vega lo que Bienal suele arrinconar en el Hotel Triana. Canales subió al teatro de Sevilla a los cantaores que sostienen la esencia del barrio que al flamenco sevillano le da fama y solera. Y trajo a las tablas a su madre Pastora, a que nos cantase por sevillanas y se bailase una letra con su hijo, a que nos cantase por bulerías y que nos sacase las lagrimas a todos.
Y sobre todo reivindicó a la colosal Carmen Ledesma, que atesora en su baile tanta sabiduría y tanta verdad, que uno no se explica como no está subida a los altares del flamenco de esta ciudad.
Antonio acabó de rodillas sobre la montaña de tierra que es la tierra de su raíz y en la que ha crecido. El espectáculo es además estéticamente deudor de otro maestro sevillano, este del teatro, Salvador Távora, del que me estuve acordando la hora y media que estuve sentado en el Lope.
Una reivindicación de lo popular, de la normalidad del flamenco, de lo vinculado que este arte ha estado a la gente llana y de la poca importancia que tiene la técnica cuando el corazón está sobre la mesa.
Anoche un servidor, gaditano de nacimiento y de corazón, se sintió orgullosamente sevillano, orgullosamente trianero y orgullosamente cerca de  un Antonio Canales capaz de cristalizar toda la bondad y toda la generosidad de un barrio sobre las tablas.



Elenco Artístico: Antonio Canales, Antonio Moya, Carmen Ledesma, David el "Galli", el "Maera", el "Polito", Herminia Borja, LLuis Peña, Mari Peña, Paco Iglesias, Pastora de los Reyes y Pol Vaquero.


 Texto: Javier Prieto
Fotografía: Óscar Romero. Archivo fotográfico Bienal de Flamenco.



jueves, 22 de septiembre de 2016

Dani de Morón. 21. Bienal de Sevilla 2016. Miércoles 21 de Septiembre. Real Alcázar.

Dani de Morón tiene 35 años, recién cumplidos, dos discos solistas en el mercado y un tercer disco con nombre propio a punto de salir a la luz. Ha tocado con lo mejor del cante y del baile flamenco. Tiene 35 años y su nombre está en boca de todo el mundo.
Anoche el Alcázar se abría para ponerle una silla en el centro del escenario y a su lado se sentaron ni mas ni menos, que Rocío Márquez, Jesús Méndez, Duquende y Arcángel. Solo Duquende supera los cincuenta años. No se si el dato dice algo, pero es que Rocío está a puntito de cumplir los 31, Jesús 32 y Arcángel tiene 39. Si a estos le sumamos, a David Paalomar, José Valencia, Antonio Reyes, Marina Heredia y Diego del Morao, por nombrar solo los que recuerdo en esta Bienal de 2016, nos podemos hacer una idea de en que momento nos encontramos en el flamenco y de la buena salud que el cante y el toque están demostrando, le pese a quien le pese.
Lo de anoche fue una escenificación de como late esta generación, y Dani fue el maestro de ceremonias. Ya sabemos lo sobrado que anda de técnica, de soniquete y de sensibilidad, es un maestro de su instrumento y ver entre el público a M.Ángel Cortés o Tomatito nos debe dar una pista de la repercusión que está teniendo en el mundo de la guitarra. Y lo hace tanto como concertista como acompañante. Ya el año pasado en el recital de Arcángel en este mismo escenario con "Estruna", escribí sobre como Dani es capaz de convertirse en un solista en el espacio que una falseta ocupa entre cante y cante. Anoche quiso proponer esta forma de acompañar al cante y de que el cante acompañe al toque, que es su marca. Empezó haciéndolo con Rocío, que se presentó por granaína y milongas. La onubense arrancó con una letra que un servidor, que es muy jartible de su discografía y su trayectoria, ya le escuchara en aquel lejano DVD "Aquí y ahora", que grabase justo tras ganar la lampara de La Unión. Es una delicia ver como le ha dado la vuelta a su propio cante y como crece y crece sin visos de estancarse. De Marchena rescató la milonga que ya apareciese en su hasta la fecha último LP,  "El Niño" y se despidió por caracoles, que si no me fallan las predicciones irán en el disco futuro. Elegantísima como de costumbre y con un dominio de los tonos impresionante.

A continuación Jesús Méndez sacó La Plazuela a pasear, primero soleá por bulerías  de ensueño y después bulerías que acabó de pie frente al público, a viva voz, con letra de fandangos insertadas en los tiempos de Jerez. Jesús suena a Jerez por los cuatro costados y le puso un punto de jondura enorme al espectáculo.
Israel Galván es de otro planeta, se mueve de una forma en la que nadie mas lo hace y estoy convencido de que los que lo admiramos, realmente no nos enteramos de la mitad de lo que quiere proponer. Hay quien tiene duende, pero Israel es ese duende. Bailó al fondo del patio de butacas y en la primera fila, tocando palmas sobre la mano de algún, imagino, alucinado espectador. Sobre el escenario, bailó solo, entre los Mellis  mirándolos divertido, y sobre un cajón flamenco. Hace algo muy serio, de lo que se ríe y de lo que te pide que te rías y que te tomes en serio a un mismo tiempo, es un genio. Dani nos contó de palabra, lo emocionado que estaba por el evento y por tocarle e Israel en especial.
En soledad, la guitarra creó un fantasía por granainas que casi daban ganas de cantar. Dani pulsó, tremoló, golpeó y rasgó  de todas las maneras posibles mientras nos quedábamos con la boca abierta.
Duquende se arrancó fortísimo por levante, tan fuerte que le faltó el fuelle para las seguiriyas. A pesar de ello sacó el cante camaronero  a relucir y empujó con todo su cuerpo para dar lo mejor que tenía.
Y al final salió Arcángel, pausó unos tientos de escándalo y a continuación fue haciendo lo que le dio la gana con una letra de soleá tras otra. Domina la voz, domina el ritmo y domina las formas del cante a su antojo. Hace lo que otros solo imaginan, tiene sello personal y recuerda a los mejores de la historia. Ya me he dejado llevar, que le voy a hacer si me enamora este cantaor.
El fin de fiesta por tango fue lo mas flojillo de una noche memorable, poca jarana para acabar y mucha preocupación por dar a la guitarra su sitio protagonista.
Aun así,  el que escribe salió satisfecho y pleno. Volver a casa paseando junto a la Giralda con el fresquito del maravilloso otoño sevillano, es aun mas placentero cuando te vas sabiendo que el flamenco tiene una salud de hierro. Que el futuro está asegurado por gente  que además de ser trabajadores, constantes, curiosos y con enorme sensibilidad artística, son buena gente. Así en general, quien haya tenido la fortuna que un servidor tiene gracias a esto de escribir, de conocer a cualquiera de los nombres de hombres o mujeres que he mencionado, sabrá que lejos de las envidias , comparaciones y ojerizas que los grandes criticones quieren transmitir, hay una generación flamenca que es fantástica en lo artístico y en lo personal. El pasado está recogido en los discos y el presente es para disfrutarlo, y Dani Méndez lo sabe mejor que nadie.


Guitarra: Dani de Morón.
Cante: Rocío Márquez, Jesús Méndez, Duquende y Arcángel.

Baile: Israel Galván.
Palmas: Antonio Montes, Manuel Montes, Carlos Grilo y Diego Montoya.



 Texto: Javier Prieto
Fotografía: Óscar Romero. Archivo fotográfico Bienal de Flamenco.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Gerardo Núñez & Flamenco Big Band. Bienal de Sevilla 2016. Martes 20 de Septiembre. Teatro Central.

Como ya hiciese Chano Dominguez con WDR Big Band, o con Wynton Marsalis, o como ocurriese con la Flamenco Big Band de Perico Sambeat, Gerardo Núñez nos ofreció anoche una maridaje perfecto entre nuestra música y la máxima, por numerosa, expresión del jazz.
No es habitual la presencia de la guitarra como solista en compañía de una Big Band, quizás el swing sea el estilo que mas se ha regalado en este sentido y salvando las estratosféricas diferencias, quizás el referente mas reciente de guitarra solista con Big Band sea Brian Setzer.
Gerardo propone una revisión de sus canciones con la Big band de Canarias y con su propio sexteto de flamenco-jazz como acompañamiento. En total 22 personas sobre las tablas. Bueno 21 hombres y una sola mujer, que esto también me pareció llamativo.
Hay algo que me ocurre cada vez que tengo que comentar un concierto de guitarra y ayer no fue una excepción, me quedo un poco en blanco. Todos los guitarristas de renombre están ahí no solo por su capacidad para emocionarnos, sino por ser técnicamente sobresalientes. Un servidor, que no sabe poner los dedos en una guitarra, no se siente cómodo hablando de picados, trémolos y alzapúas, que le voy a hacer. Así que me toca tirar de honestidad y decir que el concierto fue en general una delicia para mis oídos.
Con la fortuna, por ende, de que Gerardo me emociona cuando toca, algo que con otros enormes guitarristas no me ocurre. Pero es que lo de la emoción es algo no solo subjetivo, sino que incluso se transforma y muta con el tiempo.
La mezcla suena a gloria, aunque para que no se me acuse de vago voy a ponerle unos puntitos criticones. La guitarra sonaba muy baja cuando la banda estaba tocando y nos perdimos gran cantidad de matices en los dedos del maestro jerezano. El baile de Carmen Cortés para un servidor no casa con la propuesta que vimos anoche. Carmen baila a las mil maravillas, vaya por delante y estéticamente dotaba de un sentido un poco nostálgico a la propuesta. Pero la cantidad de contratiempos, síncopas y quiebros maravillosos que inventaban los dedos de Gerardo y los pulmones de la Big Band, no terminaban de fusionarse con un baile de trazas mas añejas.
Evidentemente, esto es opinión del que escribe y quizás mi vecino de butaca le haya contado otra película a sus amigos. Pero es que yo no dejaba de imaginar en el centro del escenario a una Rocío Molina, a una Olga Pericet, a un Rafael Estévez o a un Andrés Marín.
Entiendanme, no se trata de los nombres, sino de las formas, de un estilo de baile que creo que liga perfectamente con lo que ayer nos movía los pies y el corazón. Me la juego, por si Gerardo me leyese de rebote y le propongo a Melísa Calero para este enlace.
Por lo demás, el concierto fue un deleite, iría nombrando piano, percusión, batería y contrabajo, pero es que todo el que estuvo sobre las tablas, estuvo de cine. Uno, que es adicto al bolígrafo y la libreta durante las actuaciones, guardó los enseres de trabajo en la mochila y se sentó a disfrutar. Sin analizar demasiado, solo asombrándome de como este genio de la guitarra ha armado una propuesta tan deliciosa.


Guitarra: Gerardo Núñez
Cante: Antonio Carbonell
Baile: Carmen Montoya
Percusión: Cepillo
Piano: Moisés Sánchez
Batería: Marc Miralta
Contrabajo: Toño de Miguel
Saxo alto: Norberto Arteaga, y Paco Dorta
Saxo tenor: Kike Perdomo y Marcos Pérez
Saxo barítono: Juan Antonio Martín
Trompetas: Julián Díaz, Natanael Ramos, Gustavo Díaz e Idafe Pérez
Trombones: Cristo Delgado, Pablo González, Damián González, y Adams Pérez.


 Texto: Javier Prieto
Fotografía: Óscar Romero. Archivo fotográfico Bienal de Flamenco.

Javier Barón/Rafael Campallo/Alberto Sellés. Inmanencia. Bienal de Sevilla 2016. Martes 20 de Septiembre. Teatro Lope de Vega.

-Se parecen mucho y no se parecen nada-, decía una señora en la butaca de detrás. Y es cierto, hay un algo intrínseco en la manera de bailar de los tres protagonista de estas letras que los hace parecer similares.
Debe ser esa la inmanencia que daba nombre al espectáculo. Ese concepto filosófico de lo que permanece en nuestra misma esencia. El cómo cada uno lleva esa esencia al baile es harina de otro costal. El espectáculo se define en una sola palabra: Baile. No estamos ante una puesta en escena de corte teatral ni con una línea dramática que lo unifique. Vimos propuestas individuales, en pareja y en trío. Todos bailaros solos y todos bailaron con todos. Y los tres bailaron de dulce, porque los tres son enormes bailaores. A partir de aquí los gustos personales son los que van a inclinarte el "ole" de un lado o de otro. Alberto Sellés estuvo elegantísimo en unas templadas y angulosas peteneras. Se le vio disfrutar de lo lindo en los dúos y fue sin duda el que mas cómodo se desenvolvió en las coreografías grupales. Supongo que el Ballet tiene gran parte de culpa de esto último. Rafael Campallo buscaba la aprobación de la platea casi en cada remate, se desenvolvió con fluidez en los pasos a dos, dejando también un momento precioso por cantiñas. Su baile individual, por seguiriyas, también se enfocó en llegar al patio de butacas  y quizás adoleció de cierta mirada interior.
Javier Barón pasó apuros en el colectivo  pero anduvo sobrado en los dúos, sobre todo en los tangos con Rafael. Su soleá por bulería fue a ojos de un servidor lo mejor de la velada. Pausado, preciso y con unos brazos personalísimos. Como verá cualquiera que sepa leer entre líneas, los gustos personales son los que han decantado mis "oles" en una u otra dirección.  Simplificando muchísimo las cosas, a Alberto se le nota el Ballet, a Rafael se le transparenta el tablao y a Javier le vemos los años de compañía y de teatros .En los "peros" a este "Inmanencia" hay que resaltar un par de cosas. El vestuario de los bailaores, muy sobrio, no molestó ni destacó, pero en las cantiñas finales las camisas chirriaban como una cadena oxidada. Tres camisas rojas, cada una en un tono de rojo distinto, sin unidad. Por otra parte y aunque es cierto que el espectáculo no tiene una linea dramática ni teatral, si que trata de jugar con la continuidad entre escenas y pone tres enormes telas correderas colgadas del techo y estos elementos hay que cuidarlos. Las transiciones estuvieron mal, con Javier sacando dos telas al final de un cante y la tercera al principio del siguiente, a toda prisa. Escenas ligadas en los cantes pero sin ligaduras en la iluminación, cantaores entrando en escena a medio cante.
En una lejana Bienal de 2010 ya comenté algo parecido de "Vaivenes" de Barón, los mismos defectos de forma, que siendo justos se solucionaron a posteriori cuando disfruté  "Vaivenes" de nuevo en el Festival de Jerez de 2011.
Esperemos que vuelva a ocurrir igual y que estos detalles desparezcan para que solo estemos pendientes del enorme baile de Javier, Rafael y Alberto.




Baile:  Javier Barón, Rafael Campallo y Alberto Sellés
Guitarras: Miguel Pérez y Manuel de La Luz
Cante: Jeromo Segura y Javier Rivera
Palmas: Roberto Jaén y Jose Luis Pérez-Vera


 Texto: Javier Prieto
Fotografía: Óscar Romero. Archivo fotográfico Bienal de Flamenco.

martes, 20 de septiembre de 2016

Ballet Flamenco de Andalucía. Tierra Lorca. Cancionero Popular. Bienal de Sevilla 2016. Lunes 19 de Septiembre. Teatro Maestranaza.


Rafaela Carrasco se despedía de la Bienal como directora del Ballet Flamenco de Andalucía. Y apostaba por un tema que ha sido una constante en la reciente historia del flamenco, Federico García Lorca. El poeta granadino quedará para siempre no solo como artista inspirado, sino como musa inspiradora para cientos de artistas, una trascendencia que pone de manifiesto la profundidad y el calado de su obra. Lorca grabó con Argentinita el célebre LP "Colección de canciones populares españolas", que vino a vertebrar el espectáculo y la apuesta del Ballet. La Argentinita era la otra gran inspiración del espectáculo, que no solo contó con sus imágenes y su cante, sino que inspiró, al menos en espíritu, la estética coreográfica, en la que pudimos fantasear con "Las calles de Cádiz", "El Café de Chinitas" o "El amor brujo".
Así de complejo y así de sencillo. 
Complejo porque recrear y revisar el cancionero conlleva tomar riesgos que pueden no agradar a todo el mundo. La valentía de hacerlo además de en Rafaela, cayó en las manos de Jesús Torres y Juan A. Suárez "Cano". Y se arriesgaron dotando de electrónica a los ritmos en algunos pasajes o pulsando flamencamente letras que no lo eran con la inestimable ayuda de Antonio Campos y "El Pulga".
Y sencillo, porque Rafaela después de estos años al frente del Ballet, tiene armado un grupo que baila como un solo cuerpo, que hacen fáciles coreografías complejísimas. Sencillo porque David Coria y Hugo López son dos bailaores que por si solos se pueden encargar de llevar un espectáculo adelante. Y sencillo sobre todo, y aquí se me van a ver las costuras, porque contar con Ana Morales en tu elenco es como si el viento y el agua estuviesen a tu servicio.
 El repaso danzó el "Zorongo Gitano", "Anda Jaleo",  "Los cuatro muleros", "El romance de los pelegrinitos", "El Café de Chinitas", "Las morillas de Jaén" y " Sones de Asturias". Cada una de las coreografías colectivas tuvo el sello de Rafaela, quedando en mi paladar una excelente ronda de tangos de Granada, bailados melena al viento por las féminas, que nos llevaron al imaginario romántico de los bailes gitanos del Sacromonte.
De las coreos individuales comentar el trabajo de velocidad y elegancia que Hugo López nos regaló por bulerías, la racialísima Farruca de David Coria, el precioso dúo de Coria y Carrasco con el mantón. Y por encima de la media, por encima del sobresaliente general, la petenera mágica que Ana Morales bailó con bata de cola y que a un servidor le paró el pulso. Ana baila tan fluida y tan natural como un río y es difícil que alguien no se embeba de su cadencia.
El teatro dictó sentencia con diez minutos de aplausos. Yo estuve esos diez minutos en pie aplaudiendo como casi todos. Porque lejos de gustos personales y de posicionamientos baldíos a favor o en contra de tal coreógrafo, hay que reconocerle a Rafaela Carrasco el haber armado un grupo luminoso, con una habilidad notable para transmitir nuestro arte y fusionarlo con el ballet a la manera de Andalucía. Hay que reconocerle, a cada uno de los que se subieron a las tablas, los años de trabajo para estar a un nivel tan superlativo y la pasión que ponen  en cada movimiento.
Y que me perdonen Pablo Suarez y Gema Caballero sino me extiendo en el soberbio trabajo que hicieron anoche, pero ayer Rafaela y su Ballet Flamenco de Andalucía se despidieron de la Bienal y al igual que agradecimos a Rubén Olmo, hoy toca agradecerles a ellos por estos años de trabajo bien hecho.

Solistas: Rafaela Carrasco, Ana Morales, David Coria y Hugo López.
Cuerpo de baile: Alejandra Gudí, Florencia O´Ryan, Laura Santamaría, Paula Comitre, Carmen Yanes, Eduardo Leal, Antonio López y Alberto Sellés.

Cante: Antonio Campos y Antonio Núñez "El Pulga".

Guitarras: Jesús Torres y Juan A. Suárez "Cano".

Artistas invitados: Pablo Suárez y Gema Caballero.


 Texto: Javier Prieto
Fotografía: Óscar Romero. Archivo fotográfico Bienal de Flamenco.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Estévez/Paños y compañía. Bailables. Bienal de Sevilla 2016. Domingo 18 de Septiembre. Teatro Central.


Tenemos la fortuna de vivir en una época en la que el flamenco se ha convertido en algo muy diverso, muy lleno de contraste y de matices. Pasar del Lope y de José Valencia al central a ver este "Bailables", es buena muestra de ello. Salir directamente de 1969 para irte sin ninguna duda a 2016. Esto fue la Bienal anoche. Y sin embargo no están tan lejos los polos como algunos quieren que creamos. Hay quien a buen seguro se santiguó  con devoción por El Lebrijano elevándolo a los altares y quien se santiguó con espanto por Estévez y Paños hundiéndolos en el infierno. Y sin embargo el propio José Valencia  nos recordaba pocos días atrás en una rueda de prensa, cómo la crítica, esa que ahora se pone la camisa de Juan Peña, hace unos años lo quemaba por hereje. Lo mismito que va a ocurrir con lo de anoche en el Central.
Y fíjense que sinsentido, porque los señores Paños y Estévez venían reivindicando a Antonio el bailarín, a Carmen Amaya o a Vicente Escudero, mas antiguos que cualquiera de los que juntamos letras en un a crítica. Y venían reivindicando que todo se transforma y que una letra de seguiriya puede serlo de sevillana, que eso tampoco se ha inventado hoy. Reivindicando que las letras de los cantes cuentan cosas y pueden narrar una historia, nada que la zarzuela o la ópera no lleve siglos haciendo. Reivindicando que este arte nuestro es tan triste como alegre, que bailar es algo que cada humano hace a su manera por mucho que queramos encorsetarlo y que por esa misma lógica bailar flamenco debe ser sinónimo de la libertad humana.
El onubense y el cordobés presentaron un artefacto destinado a hacernos sentir, con una crítica mordaz y descarnada a la iglesia católica, escenificada en la Avaricia, el garrote vil y el baile de San Vito. Presentaron un cuerpo de baile absolutamente fantástico, todas y cada una de ellas capaz de moverse en el flamenco, el clásico español, la danza bolero, la estilizada, la clásica o la contemporánea, ni mas ni menos. Presentaron a un descomunal Matias Lpez "El Mati", capaz de tocar la guitarra, el piano, el cajón y de cantar con una jondura apabullante o crear unas sevillanas psicodélicas con tan solo su voz y una loop station
Entre medias, saetas de Marchena, martinetes, tanguillos, carceleras, tangos, seguiriyas, cachuchas, pregones o una soleá apolá.
Un compendio , a simple vista desordenado, al que el texto y el contraste de tragedia y comedia, iba dando sin embargo un orden. Del título y la sinopsis, comentar que tampoco es tan difícil de entender. Bailable fue todo lo que vimos y escuchamos, porque todo lo que vimos y escuchamos se bailó.
La noche del 19 fue una estupenda noche de contrastes en la que afortunademente, la locura fusionadora de Juan Peña El Lebrijano nos dio licencia para creer que este arte nuestro está en expansión y crecimiento. Algo que Estévez y Paños conocen, y algo que saben llevar al escenario, con un lenguaje personalísimo que algunos no entienden y otros entendemos solo a medias. Pero sin duda algo que el corazón siente. 


Baile: Rafael Estévez, Valeriano Paños, Nadia González, Sara Jiménez, Macarena López y Carmen Muñoz.
Cante y guitarra: Matías López " El Mati"

 Texto: Javier Prieto
Fotografía: Óscar Romero. Archivo fotográfico Bienal de Flamenco.